jueves, 25 de febrero de 2010

ASIGNATURA OPTATIVA: Resumen de la clase del 23 de febrero de 2010

Fetos de llama en un mercado en Perú utilizados en un sacrificio de construcción


Recién casados entrando por vez primera en su nuevo hogar: el novio impide que su mujer sea la primera en pisar el suelo (so pena que el edificio se cobre la vida de aquélla para dotarse de la energía -necesaria para proteger a los ocupentes- que no le ha sido ritualmente entregada).


La clase estuvo dedicada a seguir describiendo y comentando el simbolismo de un rito fundacional, aún practicado hoy en día en varios países, como inicio de las obras de construcción de un edificio, habitualmente, con fondos públicos: la ceremonia de colocación de la primera piedra.
Se mostró que dicho ritual, protagonizado, no por los responsables de la obra -arquitectos, constructores y promotores- sino por los representantes políticos que han encargado la construcción y gestionan la financiación, tiene unas raíces que se remontan a los inicios de la historia, hacia el 3500 aC., y ha mantenido, aunque ya no se sepa bien porqué se lleva a cabo ni qué significa, el simbolismo que acarrea.
Este relevante acto se basa en una doble creencia: su práctica protegerá la obra que se va a construir, protección garantizada porque gracias al rito, la construcción se retrotrae a los inicios de la creación del cosmos.
Gracias a la deposición de tres tipos de objetos, colocados habitualmente en un cilindro de aluminio herméticamente cerrado, insertado en una hendidura, previamente abierta, en un bloque paralelepipédico de piedra o de hormigón (la llamada "primera piedra") que se situa en una zanja en la que, posteriormente, se hincarán los cimientos del edificio, se pretende que la "suerte" favorezca la construcción.
Se trata, pues, de un acto mágico-religioso. Los elementos entregados a la tierra tienen como fin ganarse la confianza de los poderes ctócnicos (del mundo inferior) y lograr que acepten que una parte de su "espacio" sea ocupado por los fundamentos del edificio.

A su vez, la copia de los planos de la obra, guardados en el cilindro, actúan como los gérmenes de la obra -cuyos datos, necesarios para la construcción, están contenidos en su totalidad en la memoria gráfica y escrita del proyecto-, que, una vez concluido el ritual, podrá alzarse sobre y desde las trazas o marcas que los planos contienen.
Este ritual se basa en la creencia que un edificio es un organismo vivo que brota de la tierra. Ejecutado para ofrecer un techo protector a los humanos, necesita ser capaz de defenderlos de las inclemencias y los enemigos, de cuanto pretenda atentar contra la vida de los habitantes. Pero solo un ente vivo podrá oponerse con seguridad a aquéllos. Por tanto, es necesario garantizar que el edificio sea fuerte, esté lleno de fuerza, tenga vida, esté animado. Dicha energía o alma deberá serle entregada.
Por este motivo, los rituales de fundación venían precedidos, en culturas antiguas, de sacrificios de entes vivos (animales -como aún se practica hoy en el Próximo Oriente, y en sociedades andinas, aunque a escondidas de los poderes públicos-, o incluso humanos, en sociedades antiguas, como ha acontecido incluso, ocasionalmente, en la Europa anterior al siglo XVIII). Las vidas sacrificadas eran transferidas a los edificios los cuales, desde entonces, eran capaces, en tanto que cuerpos vivos, de garantizar la vida de los ocupantes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario